9.3.06

The Final Conflict

Los sueños, sueños son. Por supuesto.

Pero a veces...



... se hacen realidad. ;O)

Ya a la venta, incluyendo nuestras tres páginas de gloria (de Dexter y mías, por supuesto). Disfrutadlo, porque es un número impresionante. Y no precisamente por nuestro granito de arena...

Er... ¿la crónica? Si, bueno, igual un día de estos la acabo... :OP

9.2.06

En Busca de la Maleta Perdida (parte 4 de 5)

Un poco más tarde de lo que anuncié (sorry, ha sido una combinación letal de vagancia y estrés laboral), continúa esta larga crónica con su penúltima entrega. Es la que más fotos contiene: 24.

--24 de Agosto--

- En pie a las 6:30. Tras un desayuno rápido nos vamos ipso facto al gran Templo de Edfú, que está dedicado a Horus. Es el segundo mayor de Egipto y el mejor conservado. En primer lugar una foto del viaje en calesa hasta el templo. Y luego la visita en si.









- A partir de este punto nos preguntamos por qué en muchos templos las figuras aparecen desfiguradas. Kramy nos explica que fue cosa de los cristianos, que destruyeron muchas de las representaciones de dioses por considerarlas una herejía. Sin comentarios...
- ¡Atención! ¡En una de las paredes del templo, reaparece el espermatozoide! ¡Y aquí se ve incluso con más detalle! ¡Y LOS NIÑOS SEGUIRÁN MIRANDO LA PUÑETERA IMAGEN AUNQUE LES PONGA UN ENLACE A DISNEY.COM!




- A la salida del templo hay una sala aparte, como un mini-templo. Según se dice, ahí es donde nació Horus. Los cristianos metieron algunas cruces con calzador ahí dentro (ya conocéis el viejo dicho cristiano: si hay que joder se jode, pero joder pa ná, es tontería).



- He aquí una nueva inmortalización (ojo a la palabrota) del grupo tomada por un servidor en el interior del taxi que nos lleva de vuelta al barco. Si, lo reconozco: más bien parecemos un grupo de turistas alemanes de vacaciones en México.



- Hacemos una breve parada en un bar que hay a la salida (me tomo... ¡una Mirinda! No pude evitar acordarme de cierto cortometraje de Álex de la Iglesia). Volvemos al barco y nos vamos de cabeza a la piscina, que menudo solecito hace ya.
- El almuerzo en el barco resulta ser el peor de todo el viaje. Escuchamos muchos gritos provinientes del interior de la cocina, los que nos lleva a pensar que tenían pensado un menú distinto, pero por algún fallo se desperdició todo. Así que hubo que hacer algo deprisa y corriendo, con unos resultados bastante... discutibles. No es que sea un gourmet ni nada por el estilo, pero digamos que era algo que se notaba.
- Descansamos un rato. Por las tardes se hace algo en el barco que ya lleva repitiéndose varios días: se sirve te rojo con pastas. No soy un entusiasta del te, pero he de reconocer que las pastas estaban divinas (joder, qué sibarita ha sonado eso).
- El barco alcanza Kom-Ombo de nuevo. El resto del grupo sale a dar otro paseo por la zona, pero yo decido quedarme en el barco por dos motivos: uno, ya he visitado antes ese templo. Y dos: hay tal acumulación de barcos que espesas nubes de humo negro convierten el ambiente en sofocante e irrespirable. Para muestra un botón: una puesta de sol tomada desde el Moon River. ¿Veis las bandas negras de la parte baja? No, no son nubes de tormenta, precisamente...



- Y ellos en Kom-Ombo como gilipollas madre, y ellos en Kom-Ombo como gilipo-o-o-llas... que si, que si, que vinieron reconociendo que lo mejor era quedarse en el barco. Si es que... ah, por cierto, una foto curiosa que hice esa misma tarde.



- Mientras cenamos, un hombre de la agencia de viajes nos señala (discretamente) al que será nuestro guía especial el día siguiente. Palabras textuales: "¿ven a ese hombre tan feo de ahí? Pues es su guía". Es sirio y se llama Sayid, pero nosotros le apodamos cariñosamente Shrek. Imaginaos cómo sería, que todas las fotos que intentamos hacerle salieron veladas...


--25 de Agosto--

- En pie a las 2:45 AM. Repito: EN PIE A LAS 2:45 AM. Y es que hoy es uno de los días más esperados del viaje: la visita al legendario Templo de Abú Simbel. Está situado muy cerca de la frontera con Sudán, al sur de Egipto, la zona más calurosa del país. Salimos de Asuán (regresamos en barco la noche anterior), y nos preparamos para un viaje de autocar de más de 2 horas, rodeados de una oscuridad absoluta. Mi mp3 me ayuda a despejarme (malditas las ganas que tengo yo de dormirme otra vez) a ritmo de Queen.
- Llegamos en pleno crepúsculo matinal. Lo primero que nos llama la atención son las dimensiones del Lago Nasser, el largo artificial más grande del mundo, fruto de la construcción de la presa de Asuán.



- A continuación, Shrek nos da algunas explicaciones al grupo. Pasados un par de minutos, hace una pausa para que podamos hacer fotos del amanecer sobre el lago. Nadie se queda con las ganas, y yo menos.



- Mmmm... estamos ante uno de los templos más famosos del mundo, ¿no? Cachis, lo olvidaba. Efectivamente, ahí está el Templo Doble de Abú Simbel. Y si, es doble. Está el grande, el más celebre, erigido por Ramsés II y dedicado a si mismo en un acto de vanidad sin precedentes. Y luego está el otro, cuya foto tenéis aquí debajo, que el mismo faraón regaló a su mujer, la bellísima Nefertari (no confundir con Nefertiti). Como curiosidad: de las 6 figuras que hay en la entrada, 4 son Ramsés II y sólo 2 la representan a ella. Regalo, si. Pero con un machismo del cagarse.



- Y ahora si, por fin, el gran templo. Ambos fueron trasladados piedra a piedra en los años 60, para impedir que el lago Nasser se los tragara. Y sobre eso hay una historia curiosa: el gran templo fue construído originalmente para que cada año, el día del cumpleaños de Ramsés II, un rayo de sol atravesara todas las cámaras del templo y llegara hasta la parte más profunda, iluminando una estatua suya y las de 3 dioses más en un orden concreto. Pues bien: al trasladar el templo, con toda la tecnología del siglo XX... ¡SE EQUIVOCARON EN UN DÍA! Pa cagalse. En fin, las fotos (la última muestra a ambos templos desde la lejanía).







- En esta imagen tomada por mi padre, estoy señalando al culpable de que nos falte una maleta: el Camello Cabrón(tm).



- En el interior de los templos, el guía soy yo. Me empapé de tanta cultura sobre los dioses egipcios, que no hay ni uno que se me resistiera. Reconozco a todos los que aparecen en las paredes, llegando incluso a distinguir entre Ra y Horus, ambos con cabeza de halcón (es fácil: Ra lleva el sol en la cabeza). Lástima que en el interior estén prohibidas las fotos...
- Nos vamos antes de que el calór empiece a ser insoportable. El viaje de retorno es insufriblemente largo (da la impresión de durar más que el de ida). No hay más que desierto por todas partes. Y la comida del barco vuelve a ser horrible.
- El resto del grupo tiene ganas de salir por la tarde, pero yo quiero quedarme relajado en la piscina. Se van de visita al famoso Old Cataract, el hotel de Asuán donde Agatha Christie escribió su famosa novela Muerte en el Nilo. Y cuando voy a la piscina... está vacía. Y yo en bañador como un gilipollas madre, y yo en bañador como un gilipo-o-ollas...
- Afortunadamente puedo resarcirme con esta espectacular secuencia del atardecer sobre Asuán. Posiblemente la mejor puesta de sol que he fotografiado nunca.







- La cena es infinitamente mejor que el almuerzo. Empezamos a recoger las cosas para el viaje de mañana. Antes de irnos a dormir, los del barco nos ofrecen un espectáculo especial con tres bailarines: un negro que parece surgido de la guerra zulú (básicamente se dedica a obligarnos a hacer el idiota), un bailarín sufí (esos que giran sobre si mismos con una especie de faldas enormes durante mucho rato y no se marean nunca)... y al final, la que posiblemente sea la peor bailarina árabe jamás vista. Bueno, no es que fuera mala, sino que parecía cabreada y cansada. Y llevaba encima tantos kilos de maquillaje, que ya se la podía oler antes de que entrara en la sala. Literalmente.


--26 de Agosto--

- Último día en el Nilo y primero en El Cairo. Modorra. Me levanto. Y yo con mi diarrea como un gilipollas madre, y yo con mi diarrea como un gilipo-o-ollas. Era el único del grupo a quien no le había pasado aún. En fin, antes o después tenía que ocurrir...
- En nuestro último paseo por Asuán, viajamos en faluca hasta la Isla Elefantina, en mitad del Nilo, donde está emplazado el jardín botánico más espectacular que he visto nunca. Es inmenso, tiene especies de todo el mundo, y cada año llevan más. Los paseos por ese jardín, como veis, son interminables. Y la foto está tomada a la mitad del camino...



- Hay un montón de ibis revoloteando por el lugar. Y también muchos gatos, la mayoría bastante famélicos, por desgracia. Pero hay uno en concreto que me llama mucho la atención, y el motivo es...



- Bueno, "salta a la vista", ¿no? Después nos vamos de visita al Museo Nubio, con una colección bastante grande de figuras, ornamentos, armas y demás parafernalia. Una visita interesante, pero que en esta crónica no encajaría muy bien.
- Tras una nueva e interminable caminata al sol, regresamos al barco. La comida de ese día no fue la mejor, pero si la más agradecida por todos. Tras un descanso corto, nos disponemos a realizar la última salida en Asuán.
- Nos dirigimos al Templo de Filae, dedicado a la diosa Isis (conocida también como La Hechicera), que también fue salvado piedra a piedra para que no se lo tragara el lago. Bajo una solanera del copón, logro distinguir a Sekmet (cabeza de leona), diosa de la ira y el fuego purificador, en muchas paredes del templo (parece que es la guardiana de Isis). Sekmet es lo que le ocurre a Bastet (cabeza de gata) cuando se cabrea. Bueno, aquí está el templo en si.





- Cercanos a un profundo estado de coma, volvemos al barco. Curiosamente, me encuentro mejor de la diarrea. Nos duchamos y descansamos en el salón por última vez.
- Salimos en autocar a las 19:00. Al llegar al aeropuerto, nos enteramos de que nuestro vuelo está nuevamente retrasado más de una hora. Paciencia y resignación. O a la inversa.
- Por fin en el avión (mucho más fiable que el primero), tenemos un vuelo realmente corto (unos 50 minutos) y la agradable sorpresa de que, esta vez si, las azafatas... ¡SONRÍEN! Lo siento, es que en el viaje de ida nos quedamos traumatizados.
- Empezamos a descender sobrevolando El Cairo, esa megalópolis superpoblada de 18 millones de habitantes (casi tres veces la población actual de toda Cataluña. Cágate lórito). Aterrizamos y regamos un poco la flor de nuestros culos para que la maleta que nos queda llegue bien. Cosa que, afortunadamente, ocurre.
- Un expediente X: nos dicen que ese aeropuerto es el viejo (El Cairo tiene 2) y que cuando nos marchemos iremos al nuevo. Sin embargo, las instalaciones de este parecen muy nuevas y las del otro parecen desfasadas. O no sabían hablar nuestro idioma, o estaba ocurriendo algo rarillo...
- Tras un laaaaaaargo recorrido por El Cairo (ya hablaré de sus calles), llegamos por fin a nuestro hotel. Uno que tiene una historia interesante, ya que hace más de un siglo fue un palacio: el Mena House. Está muy cerca de las Pirámides.

No, creo que no me explico. Quiero decir que está...



... MUY CERCA de las Pirámides. Capisce?

- Los pasillos del interior del hotel son kilométricos. Casi llegas a pensar que comunican con alguna cámara subterránea de los faraones. En fin, ya hemos llegado.

En la próxima (y última) entrega... ¡las Pirámides! ¡El barrio copto! ¡El museo del Cairo! ¡La Mezquita de Alabastro! ¡El regreso a casa! ¡Y NI UN PUÑETERO DIBUJO DE MAHOMA!

31.1.06

Cumpleaños accidentado

Antes de continuar la crónica de mi viaje por tierras egipcias (la cuarta entrega llegará antes de que acabe esta semana, estais avisados), ha llegado el momento de hacer un breve inciso.

Hoy he cumplido 24 años.

Y hoy también, en el trabajo a un técnico se le ha caído un portafiltros cuando estaba aguantándole la escalera, y me ha acertado en la cabeza desde una altura de 4 metros, abriéndome una brecha que ha tardado un buen rato en dejar de sangrar.

De haber caído en punta (los portafiltros son metálicos y cuadrados), quizá no estaría escribiendo esto. Ahora mismo debería dolerme mucho la cabeza, pero no es así. Y no sé explicar por qué.

Sí, hoy he cumplido 24 años. Pero joder, casi me siento como si hubiera vuelto a nacer...

10.1.06

En Busca de la Maleta Perdida (parte 3 de 5)

Si, de 5. Resumiré todo lo que queda en tres entregas, empezando por esta.

---21 de Agosto---

- Descosidos en el pantalón que compramos en Asuán. Y yo con mi descosido como un gilipollas madre.
- Parada en Esna, un pueblo que realmente hace honor a su nombre, "es ná". Ahí viajamos en calesa, encontramos el equivalente egipcio de un Corte Inglés (imaginadlo), y acabo probándome un cinturón nuevo enmedio de la calle, rodeado de egipcios de todas las edades que intentaban venderme más cosas. Y yo con mi cinturón como un gilipollas.
- Sin salir de Esna encontramos la Farmacia Preternatural, que de haber tenido menos luz habría parecido salida de una película de la Hammer.
- Antes de que se me olvide os hablaré de Kramy, el Guía Definitivo. Imaginad al actor ideal para interpretar a un jeque árabe y bajad un 80% al volumen de su voz. A eso, sumadle un amplio desconocimiento del mundo más allá de Egipto, la idea de que el Sol gira alrededor de la Tierra y es más pequeño que esta, que yo mismo tuve que corregirle en un par de templos y que no se sintió realmente a gusto hasta que llegamos al Museo del Cairo, momento en que se convirtió en un megaexperto de todo cuanto nos rodeaba. La verdad es que le cogimos cariño. Aquí lo tenéis, conversando con mi madre junto a las Pirámides (pero mejor no adelantemos cosas, que aún falta para eso). Sé que, por el gesto de mi madre, me arriesgo a ser desheredado por esta foto... pero como ya he dicho, ¡me encanta el riesgo!



- Empiezo a descubrir que mi fama de inmunidad contra los mosquitos va esfumándose. Y yo con mis ronchas como un gilipollas madre.
- Cumpleaños de Fausto en el barco. No nos lo dijo a ninguno del grupo (salvo a su mujer, claro), así que nos sorprendió bastante.



---22 de Agosto---

- Megamadrugón en Luxor. Vemos la salida del sol y vamos al Valle de los Reyes. Visitamos varias tumbas: las de Ramsés IX, Thutmosis III y Siptah (un rey sin numeración), siendo la segunda la más infernal de las tres: subida de escaleras interminables, bajada por rampa de piedra estrecha y empinada, interior asfixiante y similar a una sauna... y luego volver atrás. No me extraña que ahí Kramy no quisiera entrar. Llamadle tonto. He aquí una foto del grupo a la salida de esa misma tumba (de izquierda a derecha: María del Mar, mi madre, un servidor, Ana y Fausto). Debajo, nuestra llegada al valle.




- A estas alturas ya llevamos litros de agua bebida. El calor empieza a apretar y aún queda lo peor. Pasamos por uno de los talleres donde se fabrican artesanalmente la mayoría de souvenires de Egipto. Nuestra llegada desata el inicio de un espectáculo increíble. Los dueños (hablando en español) montan un show perfectamente coordinado en el que van mostrando piezas de las que fabrican en distintos colores, todo mientras pican piedra y cantan al ritmo de... ¡la Macarena! Espectacular. Mirad la imagen los incrédulos. Y no, ese no es el primo árabe de Cels Piñol (perdona Cels, era una tentación).



- Compramos un par de cosillas que nos gustan y vamos al Templo de la Reina Hatshepsut. Un templo que casi parece moderno por las curiosas formas de su arquitectura. La reina en cuestión fue la única mujer soberana de Egipto que se autoproclamó Diosa en vida. Ole.





- Seguimos la ruta matinal hasta el Valle de las Reinas. En este punto ya nos sentimos bastante reventados, y el calor comienza a ser insoportable. Y yo sudando a chorros como un gilipollas madre.
- De camino de vuelta al barco pasamos junto a los Colosos de Mennom, dedicados a Amenofis III. Nos detenemos a hacer unas fotos.



- Ducha, descanso, comida, vendedor de la tienda del barco que nos pregunta dónde estará la maleta (qué mala leche hay por el mundo) y más descanso.
- Salimos de nuevo. Visitamos el Templo de Karnak (donde, contrariamente a lo que se dice, hay dos obeliscos y no uno), a las 3:30 de la tarde en un día soleado de Agosto en pleno Egipto. ¡Y sobrevivimos! Nunca en mi vida he pasado tanto color ni he tenido que beber tanto para no deshidratarme.





- Para rematar pasamos por el Templo de Luxor (ya con mucho menos sol y una temperatura más soportable), y observamos un auténtico Expediente X...



- No, no me refiero al McDonalds. Hablo de algo que había dentro del templo, grabado en las paredes. Decidme si esto no es lo que parece. Es más, decidme cómo coño podían saberlo en esa época, sin microscopios ni hostias...

AVISO - IMAGEN NO APTA PA LOS CHURUMBELES (qué coño, eso les va a dar más ganas de mirarla)



- Un auténtico misterio, sin duda. Y no sería el único sitio donde veríamos un dibujo similar. De vuelta al barco, muero y resucito cuando tiran mi cadáver a la piscina. Comienza el viaje de vuelta hacia Asuán.



---23 de Agosto---

- Nos levantamos y estamos casi solos en el barco. Hay unos vendedores en barcas que nos tiran camisetas a los que estamos en la cubierta superior del Moon River (se las devolvemos a lo bruto. ¡Es la guerra!). Pasamos la mañana en la piscina y vemos el paso por la enclusa de Esna, algo que no pudimos ver en el viaje de ida porque fue cuando dormíamos. He aquí una secuencia de imágenes del paso por este punto (nótese el aumento del nivel del agua)





- Comemos parados junto a Esna y nos relajamos. La tarde se vuelve bastante monótona. Los tripulantes del barco me ven jugar con mi Nintendo DS y alucinan en colores.
- Cenamos cuando nuestro barco llega a Edfu. Algunos de los nuevos turistas españoles que subieron al barco en Luxor reconocen mi camiseta de los Mojinos Escozíos y se ponen a cantar Las Burbujitas.
- En las habitaciones nos han preparado nuevas sorpresas. He aquí un resumen de todas las que vimos a lo largo de las vacaciones.

¡El patito!


¡El cisne!


¡La casquería! (más otro patito)


¡El cocodrilo!


The Crocodile Hunter!


En la próxima entrega... ¡el gran templo de Horus en Edfu! ¡Una amanecer en Abu Simbel! ¡La llegada al Cairo! ¡Y MÁS DE MIL ELEFANTES! (after Pratchett)

Y será pronto. ¡Se lo juro, señora!

22.12.05

¿Dónde me He Metido?

Argh. Disculpad que no haya escrito por aquí últimamente. Tengo que aprender a no meterme en más cosas de las que puedo llevar. O, en su defecto, a decir "no" alguna vez... :OP

Y aunque lo parezca, el título de este post no refiere a mi ausencia por estos lares (coño, qué bien hablo). Más bien voy a hablar de un nuevo e inesperado giro en mi vida, que comenzó el pasado lunes (para los que lleguen con retraso, hoy es jueves. O lo fue, dependiendo del punto de vista temporal. Yo ya me entiendo).

Bueno, no es nada del otro mundo. He empezado un nuevo curro. Lo realmente extraño es en qué consiste ese curro.

Agarráos.

Voy a ser técnico de iluminación.

...

Vale, os importa una mierda, lo entiendo.

El caso es que estaré 6 meses cobrando beca y otros 6 con contrato, aprendiendo el noble oficio de iluminador de espectáculos (léase: teatro, conciertos, cine, televisión, etc). Si alguien me llega a decir hace un año que ahora estaría aprendiendo a toquetear lucecitas de colores y a hacer el equilibrio sobre barras de metal a vertiginosas alturas, le habría dado palmaditas en la espalda. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay dios...

En el próximo post (o en los dos o tres siguientes, dependiendo de lo que me enrolle) resumiré el resto de las vacaciones de Egipto, porque está claro que no podré explicar detalladamente cada día. Además, así molará más. ¿O acaso no sabéis que, generalmente, lo mejor de una película está en los trailers? Pues eso. ;O)

Ah bueno, continuando con la idea que sugerí el año pasado, os deseo a todos un FELIZ DADIVÁN. Vamos, que os divirtáis como queráis. ^__^

8.11.05

En Busca de la Maleta Perdida (parte 2)

Sí, por fin me he decidido a continuar la crónica. A este ritmo, la acabaré cuando ya me vaya de vacaciones otra vez...

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20 DE AGOSTO

Venga, ya es otro día. ¡Pero no estamos en el Pyramisa! Es igual. Lo que sea. Arriba, que empezamos ya con uno de los días más largos y duros.

Conocemos al guía de nuestro grupo, con el pintoresco nombre de Kramy (tal como nos lo escribió). Podríamos describir a Kramy como El Guía Definitivo. Ya descubriremos por qué. También conocemos al resto de nuestro grupo: dos madrileños (Fausto y Ana, un par de tortolitos) y una catalana (María del Mar, que ha viajado por más de medio mundo).

Desayunamos fuerte y bajamos del barco, que no se ha movido del sitio en toda la noche. Hoy toca visita por Asuán. La primera parada es en una antiquísima cantera, con un peazo árbol en la entrada, que me lleva a preguntar cómo se las arregla para sobrevivir ahí.



En mitad de la pendiente está el Obelisco Inacabado de Asuán, un descomunal pedrusco de granito, de vaya usté a saber cuántas toneladas, cuya construcción fue ordenada por la reina Hatshepshut (más adelante se hablará de ella), pero que no pudo finalizarse por una rotura en la base.

Sí, bueno, como dice cierto ex-miembro de ADLO, "tened la mente limpia".



Prosigue el viaje matinal y hacemos una parada imprevista. Al menos para nosotros. Resulta que Kramy sabe lo de la maleta perdida, y nos lleva a todos a una tienda para que pueda comprar algo de ropa, ya que prácticamente no tengo casi nada de repuesto. Elijo una camiseta con un dibujo estampado de un camello con cara de cabroncete llevando un montón de maletas (no, la sutileza no es muy fuerte) y unos pantalones. Pero tardarán un rato en hacer el estampado, así que seguimos con la ruta.

Llegamos a la descomunal Presa de Asuán, construida por los rusos y "madre" del Lago Nasser. Hay algunos perros tirados en las pocas sombras del lugar. Más o menos a estas alturas empezamos a ser conscientes de que vamos a tener que ser muy parcos con lo que grabemos con la cámara, ya que sólo tenemos tres cargadores y nos gustaría llegar a las pirámides con ellos. Y hablando de cosas que se llevan encima... hum... noto como si faltara algo...

Y yo sin mi móvil como un gilipollas madre, y yo sin mi móvil como un gilipo-o-o-llas.





En la tienda de ropa me había probado unos pantalones. Al parecer, el móvil se me había caído en el probador. Afortunadamente, y gracias a una llamada oportuna, nos confirman que el móvil está ahí esperando, junto con la camiseta ya estampada. Pues nada, tendrá que esperar mientras continuamos el viaje, que ahora nos lleva a una faluca (barco de vela) situada tras uno de los grandes cruceros del muelle. Durante unos minutos tenemos que tragarnos los humos que salen del barquito de los cojones, una experiencia que no le deseo ni a mi peor enemigo. Bueno, al peor quizá sí...



Pasados unos minutos, y como la faluca no tira mucho (es un día de poco viento), nos cambiamos a un barco de motor... ¡en mitad del Nilo! Ni muelles ni leches. A saco. Proseguimos la travesía (ahora sensiblemente más ruidosa. María se queja de que el otro barco era más agradable, y con razón), y nos topamos con una de las mejores anécdotas de todo el viaje por Egipto: Los Niños Cantores de Asuán. Son unos críos que flotan en el río, montados en micro-barcas que parecen de juguete, y se enganchan al primer barco de turistas que pillan. Cuando llega el primero, ocurre lo siguiente:

[Niño 1] ¿Italianos?
[Mi madre] Españoles.
[Niño 1] (coge aire) GUAAANTANAMERAAAAAAAAAAAA GUAJIRA GUAAAANTANAMERAAAAAAA...




Y si esto os parece fuerte, mirad lo que ocurre con el segundo crío que se nos pega:

[Niño 2] ¿Españoles?
[Yo] Sí hijo, sí...
[Niño 2] POOOOROOOOPOPOOOOO POROPOPOROMPOMPEEEROPEROOO POROPOPOROMPOMPEEEROPEROOO POROPOPOROMPOMPOOOOOOO...


Un auténtico jukebok internacional flotando en las aguas del Nilo. Estos críos iban a Operación Truño y eliminaban la competencia a base de reventarles los tímpanos (total, jamás han tenido oído musical...). Ni que decir tiene que en ambas ocasiones, todos los presentes en el barco (excepto el capitán) nos descojonamos vivos.

Tocamos tierra. Ahora nos espera otro método de transporte más alto, más peludo, más ruidoso, más apestoso y más testarudo. No, no nos subimos a Chewbacca. Él no es apestoso. Hablo de camellos... ¿o debería decir dromedarios? Creo que más bien lo segundo, porque sólo tienen una joroba. El caso es que nos subimos porque nos espera un buen trecho (a pleno sol, con dos cojones) hasta el poblado nubio. Mi camello comienza el último del grupo, pero enseguida descubro que es una especie de Fórmula 1 con joroba, mete el turbo y acaba adelantándolos a todos con un minuto de ventaja. Para más inri, el bicho se llamaba Oscar. Y el que llevaba a mi padre, Bob Marley. Que no miento, coño.



Aprovecho ahora para decir, llegados a este punto, que la mayoría de los nombres de los lugareños (y hablo de Egipto en general) son de lo más topicazo que podaís imaginar: hay tropecientos Ahmed, Mustafá, Abdul, Alí, Mohamed. Es como si aquí todos nos llamáramos Juan, Pedro, Francisco, José... er... bueno, sí, más o menos...

Llegamos al poblado y nos asaltan los niños vendedores de souvenirs. Una buena forma de joder el clímax. Nos llevan a una casa en la que tienen cocodrilos. No, no me estoy quedando con vosotros: hay cocodrilos vivos metidos en una especie de acuarios sin tapa y con muy poca agua. Había una madre relativamente grande y bastantes crías. A las pruebas fotográficas me remito.





Nos sirven refrescos (también a otros grupos de turistas españoles que han llegado al lugar, muchos de nuestro barco) y té rojo, que es algo así como la bebida nacional, sin el "algo así". Los egipcios la toman a todas horas y en cualquier lugar. El caso es que luego salimos a dar una vuelta por el poblado nubio (bajo un sol de justicia), y el guía nos lleva hasta la escuela. Entramos en un aula y nos sentamos. Y entonces aparece el profesor...

Lástima que no tenga ninguna foto suya. Era como un cruce entre un abuelete de la España profunda sin boina, y el padre de familia de una película ambientada en el desierto que está a punto de morir tiroteado por los villanos. Nos enseña el alfabeto y los números el 1 al 10, tanto en árabe como en nubio. Y cuando nos pregunta y nos equivocamos, nos pone de cara a la pared, sonriendo y blandiendo su bastón como si fuera un garrote. Sencillamente espectacular. Posiblemente lo más divertido de ese día.

Pero todos estamos ya reventados. Regresamos al Moon River (¡pero no es el...! Oh, por favor, no sigamos con esto...) para relajarnos y comer tranquilamente. Vemos que en las habitaciones nos han dejado las toallas limpias presentadas con formas curiosas, como cisnes o flores (algo que se repite el resto de días). Es entonces cuando comienza definitivamente el crucero, y descubrimos que nuestro barco es la tortuga de la flota del Nilo. En serio. Le adelantan TODOS los demás.



En fin... tras la digestión subo a ver la piscina del barco, en la cubierta superior. Es pequeña, pero basta para poder remojarse, bucear y relajarse un rato en ella. Lo más sorprendente es que, a pesar de haber estado recibiendo el calor del sol egipcio en agosto durante todo el día, el agua de la piscina... ¡está fría! Misterios de la física...

Tras unas horas de crucero llegamos finalmente a la segunda etapa de nuestro viaje: el Templo de Kom-Ombo. Para salir del barco hay que recurrir a una técnica que repetiremos bastante a lo largo del viaje, y que consiste en colocar un montón de barcos como el nuestro en paralelo, y atravesarlos uno a uno hasta llegar a la orilla.

El templo en sí es bastante singular, pues está dividido en dos partes iguales; una dedicada al dios Sobek (cabeza de cocodrilo), y la otra al dios Horus (cabeza de halcón). Se hizo de esa manera para simbolizar el equilibrio entre ambas fuerzas, hasta el punto de que los relieves de su interior están realizados de forma simétrica a ambos lados del templo. Entre esos mismos relieves se pueden ver, además de los dioses que he citado, a Hathor (esposa de Horus) y a la mismísima reina Cleopatra.





Empieza a anochecer, y los mosquitos comienzan a aparecer por todas partes. Pero enseguida deja de preocuparnos porque hay bastantes murciélagos por la zona. De hecho, Kramy nos lleva hasta la Batcueva (ejem...), que no es otra cosa que un enorme pozo donde viven los murciélagos. Al parecer, en el pasado remoto se utilizó como método para calcular los impuestos, dependiendo del nivel de agua que albergase.



Ya es completamente de noche y visitamos el mercadillo que rodea el templo. Nos tomamos un descanso en un bar (o el equivalente egipcio) y entonces descubro algo insólito: ¡la Fanta naranja que me sirven, tiene la forma, logotipo y sabor que tenía cuando se fabricaba a finales de los 80 y principios de los 90! Fue algo rejuvenecedor. Además, un grupo de hombres vino a tocar música mientras bebíamos (léase: venían a por la propina). Luego nos metemos en una tienda de ropa (realmente egipcia, no como la primera), ya que necesitamos algo con lo que disfrazarnos para la fiesta de esa noche en el barco (y ya digo de antemano: me niego a mostrar una sola foto de "eso").

Volvemos, dejamos los trajes en las habitaciones, cenamos (con una curiosa bienvenida musical. A los camareros les va mucho la marcha)... y cuando volvemos, descubrimos que los tripulantes del barco son unos cachondos: han cogido las toallas, almohadas y los trajes de la fiesta, y los han.. humanizado. La foto inferior es de otro día que repitieron la misma jugada (con otra ropa diferente), pero para el caso ya vale.



En fin. Toca disfrazarse. No me gusta bailar, así que me relajo un poco subiendo a la cubierta superior. Porque, además, esa misma noche hay luna llena. Y eso es algo que vale la pena ver en un lugar tan poco polucionado como el sur de Egipto.

Bufff... ya está. Suerte que no todos los días son tan largos de explicar...